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El eterno aprendiz de Sentmenat

Iconos

Feliz Año Nuevo :)

Se cumplieron mis deseos (también lo dejé fácil, para qué lo vamos a negar): mi Reina Maga me regaló el pack en DVD de la Trilogía Clásica de La Guerra de las Galaxias. Me encuentro en el camino luminoso de la Fuerza )

El DVD número 4 del pack incluye una serie de documentales sobre la concepción de la saga, así como de algunos de los aspectos más destacables. Con todo, el documental más extenso incide en algo que hace tiempo me viene haciendo run-run en la cabeza. Los iconos.

¿A qué me refiero? Evidentemente, no a los emoticonos que, si esta web permite, habréis visto hace dos párrafos (editando: no, no lo permite, así que he tenido que utilizar los dos puntos y el paréntesis), sino a aquellas imágenes que, instaladas en nuestra mente (la nuestra individual o la colectiva) representa conceptos muy íntimos, muy nuestros, o que nos generan diversas sensaciones: miedo atávico, la vida más allá de la muerte, el Bien o el Mal... Muchos de estos iconos han perdurado desde tiempos inmemoriales: Ulises y su Odisea, el Infierno de Dante, la cruz o el pez del cristianismo (las religiones son un auténtico almacén de símbolos).

Pero no soy ningún experto, ni pretendo rebuscar en el pasado: me interesan más los iconos que creamos hoy en día. El tándem Luke Skywalker/Darth Vader es un buen ejemplo de ello: el Bien y el Mal, pero basado en el estudio de la concepción de ambos en las mitologías oriental y occidental. Si por algo estas tres películas fascinan a generación tras generación no es por los efectos especiales (que un poco también), sino por la historia de los caminos, a veces paralelos, en que discurren ambos hasta la redención final de Vader (y el “Walk on the Wild Side” por el que camina Luke, Jedi pero consciente de sus flaquezas).

Pero nuestra iconografía está llena de iconos modernos: el monolito de 2001, el aventurero Indiana Jones (en busca del Arca de la Alianza, las piedras de ¿Shiva?, y el Santo Grial, ahí es nada, más símbolos imposible), Maria en Metrópolis, el Anillo Único… Mmm, a ver si va a ser por eso que la ciencia ficción y la fantasía son tan atractivas… Estamos renovando los mitos…

Como escritor amateur, muy amateur, me interesan estos iconos por lo que representan, pero me interesaría más seguir el camino inverso: hollar en el espíritu del ser humano para conseguir un icono, y no por el placer de forjarlo, sino porque un texto que toque aspectos tan fundamentales conseguirá, al menos, un par de consecuencias:

1. Que el texto esté vivo, que sea rico;
2. Que emocione y que perdure en la memoria.

Ambicioso, ¿verdad? No tanto: Cervantes creó el Quijote para burlarse de los libros de caballerías y para entretener (sí, sí: entretener) a la gente humilde y hoy en día es quizá la novela más importante de todos los tiempos. No quisiera llegar a tanto, pero me encantaría crear mi propio Darth Vader. ¡Ah, los villanos resultan tan atractivos…!

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